Los hijos mayores de la familia Orekhov aún recuerdan lo feliz y despreocupada que era su vida antes de la guerra. En casa solía oler a comida recién hecha y a empanadillas recién horneadas, y su madre, Vita, trabajaba en una guardería y, por encima de todo, quería a sus hijos.
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Al estallar la guerra a gran escala, el padre de los niños se marchó de Ucrania y, más tarde, dejó de ayudar a la familia y de comunicarse con los niños. La mujer se quedó sola con sus dos hijos adolescentes y un bebé en brazos. Poco después, cerraron también la guardería en la que trabajaba. Las escasas prestaciones sociales se convirtieron en la única fuente de ingresos para esta familia numerosa.
El estrés que había sufrido afectó gravemente a la salud de la mujer. La ansiedad constante, el miedo al futuro, el agotamiento y la impotencia eran a veces tan intensos que ni siquiera le apetecía levantarse de la cama. Pero, por el bien de sus hijos, la señora Vita fue capaz de recomponerse.
Hoy en día, las mujeres aceptan cualquier trabajo extra, no temen ni siquiera las tareas más duras, se ocupan de la casa y demuestran cada día que las madres ucranianas son un ejemplo de fortaleza, fuerza y amor infinito por sus hijos.
«A veces no puedo comprar suficiente comida para los niños; otras veces, no tengo con qué pagar los servicios públicos. Pero intento no mostrarles lo mucho que me asusta y me duele todo esto», cuenta la señora Vita.
En una situación así, a esta mujer le resulta difícil comprar incluso unos simples cuadernos para sus hijos o la ropa más barata. Pero precisamente ahora, cuando la vida se ha convertido en una auténtica prueba, la señora Vita se ha convencido especialmente de que en el mundo hay mucha gente sincera y solidaria.
Recientemente, nuestros voluntarios entregaron ayuda humanitaria a la familia: alimentos básicos, algunas golosinas para los niños, material escolar y productos de higiene. Este apoyo no solo les ayuda a superar un momento difícil, sino que también les transmite una sensación de cariño y esperanza.
Confiamos en que la familia Orekhov superará sin duda todas las dificultades y, por nuestra parte, no la dejaremos desatendida.
Agradecemos de todo corazón a todos los que apoyan nuestros programas de ayuda humanitaria y echan una mano a quienes hoy lo necesitan para sobrevivir. Os recordamos que cualquiera puede hacer una donación según sus posibilidades, ¡y que vuestra ayuda puede resultar vital!